CITIUS, ALTIUS, FORTIUS vs., DESAPEGO
Publicado el 14. dic, 2011 en Opinión
Con estas “premisas” olímpicas, los gobiernos y gobernantes nos han hecho sentir en la ultima década al ciudadano de a pie, al profesional, empresario o docente como actores olímpicos sin querer, ni estar cualificados para ello.
Sin entender las dinámicas acelerantes del consumo, del crédito fácil y de su determinismo, todos se han sentido “más rápidos”, “más altos”, “mas fuertes”.
Pero, ¿más que quien?
¿Más que aquel con el mejor coche? ¿Más que aquel por llegar al lugar más exótico y lejano para las vacaciones? ¿Más fuerte por poder determinar el destino profesional o laboral de sus compañeros o subordinados? ¿del destino de un país?
El choque con la realidad
Y consecuentemente aparece en algún momento el choque con la realidad, la falta de fuerzas para seguir compitiendo y la reflexión de disconformidad que ahora clama “WAKE UP” .
¿Significa esto que no haya que seguir luchando por el país o la empresa para que estos sean más rápidos, más fuertes y lleguen más alto? En absoluto.
No se trata de adoptar una posición resignada de todo lo que el entorno y la propia vida nos dejen en el camino, tampoco se trata de ir como autómatas escuchando demagógicas peroradas sobre el desarrollo, la política, y los mercados. Es algo más.
Lecturas y religiones nos hablan de no poner nuestros afanes e intereses en los valores materiales, nos reconducen a ser desprendidos, a no tener apego a las cosas o las personas y… en el contexto socio cultural en el que nos encontramos, el desapego puede ser una vía para encontrar PAZ entre tanto cruce de caminos e incertidumbre en los mismos.
La persona ha dejado de ser cada vez más de ser persona
Si reflexionamos un poco sobre los últimos años, la persona ha dejado cada vez más de ser persona, ha querido ser “citius, altius, fortius” en cada ocasión u oportunidad.
Llega el momento de reconocer que cada persona es responsable de sí misma, de que los problemas de cada uno son de cada uno y que la dedicación en exclusiva a ellos hará que sean parte del esfuerzo común y no al revés.
Que debemos cambiar y que debemos aceptar, o más bien cambiar o no cambiar, por nosotros mismos. En esto reside el poner en práctica una actitud de desapego, hoy y ahora tan necesaria.
Llegar a mencionado estado de desapego, de ánimo, no es en absoluto nada negativo, es una acción de corresponsabilidad de las acciones de uno mismo, y de ahí la búsqueda o encuentro de la felicidad que de ello se desprende.
Una imperceptible pero permanente infelicidad
Nos abruman la situación económica, el desempleo, las guerras, la corrupción, la soledad, la falta de comunicación (en la era de la comunicación!) y de seguir así, sin observar a nuestro alrededor, solo veremos esto y lo otro; pero la verdad es que resueltos esos puntos, si se resolvieran, habrá otros muchos de igual corte que nos seguirían abrumando, teniendo que resolverse (¿por si mismos?).
Altius… sí, siempre deben ser más altas nuestras miras personales si queremos desconectar de la presión que nos embarga. Pero el apego a las cosas, a las personas y a los bienes de la tierra como si fuesen algo imperecederamente nuestro, nos genera una imperceptible pero permanente infelicidad.
Tanto más tienes, tanto más posees (y por ello no lo disfrutas), tanta más ansiedad te acompaña y esto puede extenderse a las personas que “crees” tuyas, a las ideas que rechazas, a los fanatismos propios y ajenos.
La presión social en cualquiera de sus formas se sostiene sobre el miedo, miedo que coarta la felicidad porque el miedo ensombrece y anula las cosas bellas, cambia e hipoteca el pensamiento, el sentimiento y la palabra. De ahí que hay que avanzar, desapegarse no significa desconectar de los amigos, la familia, el trabajo, o el entorno social; desapego significa desconectar de ti mismo y del entorno para hacer de ti un valor de servicio para los demás, preocuparte por sus cosas, interés sin interés, poseer sin agobiar, amar por amar, y entender para entender.
Voluntad de servicio
No se puede seguir la máxima olímpica “citius, altius, fortius” sin esa práctica diaria de entrenamiento por y para los demás; es decir, sin voluntad de servicio. Servicio en la empresa, servicio en tu comunidad, servicio en tu familia, servicio a ti mismo por y para ellos, en una palabra busca de felicidad mediante el encuentro con uno mismo.
La riqueza y la abundancia –florecientes como bien social en estos años– son términos relativos, tan relativos como podamos creer que son o existen y están habitualmente “inflados” por intereses deterministas, al igual que la desgracia y la pobreza. No obstante, y como todo, son absolutamente subjetivos. Son resultado de acontecimientos que dependen de cómo los afrontemos, NO de la naturaleza de ellos.
Volver la mirada sobre nosotros mismos
Si realmente buscamos la paz en una situación de crisis debemos volver la mirada sobre nosotros mismos, pensar qué hacemos por los demás, pasando de un lado a otro de la vida sin llevar cargas emocionales pesadas ni pasadas, viviendo el presente al que te obligas. La felicidad SIEMPRE está en ti.
Realmente en ti y no en aquello a lo que te apegas o crees que te pertenece. Piensa: “Si algo o alguien se aleja de mí o de mi vida es que en mi contexto vital no me correspondía, no era para mí.”
Nuevas épocas, nuevos tiempos se avecinan, ni mejores ni peores que otros, pero lo auténticamente real es que serán de otros hombres y para otros hombres, “aquestos” que consigan y practiquen el reencuentro místico y personal consigo mismos.
¿Autodidactas del pensamiento y de la acción? Tal vez.
Siempre hay un nuevo camino redescubriendo la vida en plenitud por y para los demás. No porque nos digan ser “citius, altius, fortius”, lo seremos, sino por serlo realmente nosotros mismos.
M.Muñoz-Cuéllar
MMCL – Consulting











