Todo es magia en Venecia: sus canales poblados  de góndolas, sus palacetes renacentistas, las esculturas integradas al urbanismo, la Plaza de San Marcos, el café Florián y las gaviotas revoloteando, los colores del ocaso y el amanecer, los pequeños canales y sus puentes, su romanticismo y por supuesto el viajero se deslumbra con su mítico Carnaval lleno de boato dentro de una gran escenografía compartida por miles de turistas.
Y de pronto, casi por sorpresa, llega el desfile carnavalesco por el gran canal con las lanchas de la policía abriendo paso a la caravana de góndolas presidida por una portando ¡una enorme rata! Sí han leído bien, ¡una enorme rata!
Aquello, suponemos, indica una realidad denunciada con humor por los propios venecianos, toda esta indescriptible ciudad vive acosada por las ratas que, como tantas cosas en la vida están, pero pasan como “Anónimas venecianas” para los turistas deslumbrados por los disfraces, las máscaras del carnaval y la magia veneciana.