Foto EFE

Aunque parezca un Perogrullo, el Arte NO se censura, y mucho menos en una exposición internacional como ARCO Madrid. Sin embargo, sucede. Como una muestra más de esa cotidianidad que, por desgracia y en pleno siglo XXI, nos ha inmerso en esa espiral de censura que nos lleva a tiempos pretéritos.

Si la exposición de 24 fotografías de Santiago Sierra colgadas en el espacio de la galerista Helga de Alvear  hubiera sido titulada de otra manera, por ejemplo: “Claros Oscuros Judiciales” o “La Justicia en Blanco y Negro” tal vez, se la hubiera aceptado en ARCO Madrid sin problemas con la censura. Sencillamente porque la Justicia y la Ley Mordaza son vox pópuli  y a esas cuestiones interpretamos, estaba dirigida la obra (la cual no pudimos ver salvo en las imágenes de la prensa).

Como suele ocurrir con el ya denominado efecto Streisand, el fenómeno multiplicador que produce el intento de censurar o esconder una información,La gran pared blanca de ARCO, por obra y gracia de esa misma censura, se transformó en la más visitada y fotografiada de la exposición y, por supuesto, en la de éxito mediático nacional e internacional.

Ese es el resultado real del dudoso ejercicio de salvaguardar la interpretación pública de una obra de arte - y de otros menesteres – con que el Poder asegura proteger la exquisita sensibilidad de los ciudadanos.