¿Competidores?, ¿enemigos? o ¿amigos?

Hasta hace algunos años dentro de las empresas de arquitectura ferial, tal vez

por las circunstancias especiales del momento, o porque entonces no existía una estructura empresarial, se continuaba con aquel anacronismo de ver al empresario competidor como enemigo.

Todo tiene su raíz. Las ciudades feriales de nuestro país, como producto del famoso Decreto del año 1943, eran espacios de trabajo exclusivo de las empresas locales y con raras excepciones trabajaban en sus certámenes otras empresas nacionales.

La desaparición del Decreto y la posterior de la Comisaría de Ferias, permitió un desarrollo desordenado del negocio ferial proliferando instituciones feriales por todas las autonomías sin el menor análisis de rentabilidad que perdura aún hoy.

Por su parte les empresas de arquitectura ferial, comenzaron a evolucionar junto a un cambio generacional en sus direcciones transformándose en algunos casos antiguas carpinterías, en empresas altamente cualificadas. A ellos se sumaron un  grupo de empresas de diseño, estudios de arquitectura y “algunas empresas” de dudosa capacidad, salvo claro está, para presentarse y ganar  “determinados concursos” al mejor estilo Gurtel.

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Será porque tan solo hace diez años que dirijo un Estudio especializado en Arquitectura Ferial, apenas un renglón en la ya longeva historia de nuestra industria. Será porque falto de sentido práctico, me empeño en pedir peras a un olmo con usos y costumbres tan particulares como los nuestros. O por elemental sentido crítico. O porque estoy equivocado. O por lo que fuere. El caso es que no dejo de preguntarme cómo es posible que el diseño no valga nada cuando el cliente lo demanda, si una vez  superada la guillotina del precio y demás connivencias, cobra un valor determinante para el mismo que en nada lo apreció. ¿Por qué aquello que no tuvo precio, adquiere valor?¿Por qué a lo que tiene valor no le ponemos precio desde un primer momento?. Yo lo denomino la paradoja del diseño ferial y lo tengo por una de la raíces de los males endémicos de nuestra industria.

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