Será porque tan solo hace diez años que dirijo un Estudio especializado en Arquitectura Ferial, apenas un renglón en la ya longeva historia de nuestra industria. Será porque falto de sentido práctico, me empeño en pedir peras a un olmo con usos y costumbres tan particulares como los nuestros. O por elemental sentido crítico. O porque estoy equivocado. O por lo que fuere. El caso es que no dejo de preguntarme cómo es posible que el diseño no valga nada cuando el cliente lo demanda, si una vez  superada la guillotina del precio y demás connivencias, cobra un valor determinante para el mismo que en nada lo apreció. ¿Por qué aquello que no tuvo precio, adquiere valor?¿Por qué a lo que tiene valor no le ponemos precio desde un primer momento?. Yo lo denomino la paradoja del diseño ferial y lo tengo por una de la raíces de los males endémicos de nuestra industria.

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