Estuve de vacaciones en El Calafate, ciudad ubicada en el sur de la Patagonia Argentina y cercana al glaciar Perito Moreno, es el único de la zona accesible con largas pasarelas que lo recorren por su frente norte y navegando por su frente sur.

Enfrentarse a una mole helada de 70 metros de altura, oírla crujir intermitentemente tratar de ver caer sus desprendimientos en el agua del lago resulta un espectáculo natural único e inolvidable.

Las tonalidades cambiantes de azules del glaciar responden al rumbo del viento que impulsan las nubes provenientes de la cordillera de los Andes. Ese juego de luz y sombra permanente ofrece una verdadera fiesta audiovisual acompañada por un imponente silencio roto solamente por el crujir del hielo y su sonido al caer al agua.

El Hostal Sichilling en El Calafate me sorprendió por su sencillez. Después de años de viajes, es la primera vez que no encuentro un televisor en la habitación, ni tampoco en el comedor; solo tienen uno medio oculto entre los anaqueles repletos de libros en un recogido salón de estar y siempre está ¡apagado!  

Se agradece la desintoxicación.

Guanacos, flamencos, patos, y otras especies pueblan toda la estepa baja que rodea el inmenso lago Argentino  con sus tonalidades cambiantes de azules algunas veces rizadas por el fuerte viento patagónico.

Un par de días de pesca en el río Paraná (Rosario), y otros caminando por  Buenos Aires con “…sus callecitas que siguen teniendo ese: “No sé qué…” completaron las vacaciones en ese inmenso y deprimido país llamado Argentina que, pase lo que pase, sigue siendo  un destino turístico de primer nivel mundial.

Fuerte el abrazo a todas todos.