Tratando de comprender por qué se pinchó la “burbuja”

Publicado el 14. dic, 2009 en Editorial

La entrada de nuestro país en la UE trajo aparejado el cumplimiento de una serie de normas ya vigentes entre los socios más antiguos. Así sectores como la siderurgia, la pesca, el vino, la leche, etc. se vieron abocados a reconversiones marcadas por las estrategias económicas comunitarias. Ello significó jubilaciones anticipadas, indemnizaciones y mucha gente que no se pudo reubicar quedó en el paro.

Hoy, la crisis del Capitalismo, llevada de la mano por los seguidores de Milton Friedman, y su obsesión por destruir el Estado privatizándolo todo, nos muestra la parte más cruel y dura del capital por el capital mismo.

Dejando de lado la corrupción y a los corruptos, debemos reconocer que también en nuestro país cundió el “ejemplo” sobre las privatizaciones en diversos sectores estratégicos y algunos tan sensibles como la Sanidad Pública en beneficio directo de una actividad privada que si tenemos en cuenta lo que sucede en Estados Unidos, a quedado perfectamente demostrado quienes han hecho un espléndido negocio y quienes han quedado sin pólizas de cobertura a merced de una inexistente seguridad social pública.

El Estado somos todos, esa aseveración hasta cierto punto, está muy lejos de ser una certeza. ¿Por qué? Por que tenemos un Estado sobredimensionado artificialmente con cientos de miles de “cargos políticos” en las distintas administraciones tan inútiles como el cenicero en una moto.

Ahora al agudizarse el problema económico comienzan a surgir los lamentos de quienes lo han creado.

Otro tanto podemos decir de las multimillonarias inversiones realizadas a lo largo y a lo ancho del país en recintos feriales y palacios de congresos con dineros públicos. Mientras duró la bonanza todo “funcionó” sin mayores inconvenientes. Nadie se preocupó sobre su rentabilidad, ni de aprender que es una feria o un congreso, la consigna era nosotros no somos menos que nadie, o sea ¿hace falta un recinto ferial o un palacio de congresos? Se hace. Ya veremos si da o no beneficios. ¿Su coste? Lo iremos cargando en distintas partidas y nos endeudaremos dentro de nuestras posibilidades al límite. Si no alcanza recurriremos a subvenciones y asunto concluido.

Así nacieron múltiples recintos y palacios de congresos. Otros, los menos, recurrieron en primera instancia al apoyo público y luego se han transformado en sociedades anónimas.

La sobresaturación del mercado ferial trajo consigo la legendaria reiteración temática, que, un antiguo presidente de AFE decidió no discutir en la mesa de reuniones, manifestando “Que el propio mercado se  encargará de decantar a todas las ferias que no cumplan con su función”. Salvo claro está, en la pregunta sin respuesta: ¿Cuál era la función de AFE entonces en la llamada guerra de ferias?

Nunca existió.

Desde entonces, por la saturación reiterativa temática, el producto ferial ha ido perdiendo credibilidad. Se pasó, como si de un péndulo se tratara, del famoso y restrictivo Decreto 43 a una total desregulación nacional, en algunas autonomías se subvencionan a los expositores de “ferias de muestras” pueblerinas. Dicho esto sin ánimo de menoscabar a importantes ferias sectoriales regionales, que las hay.

Desde estas mismas páginas ya en el Nº 19 Abril de 1984 editorializábamos con el título “CANTIDAD O CALIDAD”* sobre la necesidad de regular la actividad ferial

¿Cómo regular la actividad ferial desarrollada en las 17 Autonomías? Si aún dentro de algunas de ellas sobran recintos feriales con largueza, o se construyeron tan sobredimensionados que arrastran déficit cronicos en sus cuentas de resultados.

Dos largas décadas  después la crisis capitalista se encarga, en parte, de darle la razón a Petit, lo que no hizo el propio mercado se transforma en realidad con la suspensión, postergación y anulación de algo más de un centenar de ferias.

Sin duda la reconversión del sector será dura y traumática. Con unas administraciones acuciadas por los recortes presupuestarios, las subvenciones y ayudas directas o encubiertas no se ofrecen ya con tanta facilidad. Hay instituciones con economías saneadas que así y todo soportan  altos porcentajes de ausencias de expositores en sus ferias de primera línea. Otras sufren el va y ven de los alquileres a importantes organizadores internacionales, tan volátiles como cualquier factoría industrial. Y alguna importante paga ahora las consecuencias de los devaneos políticos en la construcción de sus nuevos recintos, que, acompañados por erráticas direcciones generales “no profesionales”, han llevado a institución a perder cuota de mercado hasta límites insostenibles.

Otro tanto podemos decir de los palacios de congresos, algunos en situaciones económicas tan acuciantes que no encontrando mejor solución: se entregaron a profesionales del sector OPC.

Administrar bienes públicos y muchas veces sin un control de resultados resultaba sencillo. Aquella bonanza e imprevisión, reciben ahora el varapalo de la realidad.

Digámoslo claramente los dos sectores: el ferial y el de congresos están en plena reconversión tratando de entender por qué a ellos también se les pinchó la BURBUJA.

* En la edición ESPECIAL 25 ANIVERSARIO de es esta revista: páginas 94 y 95 el lector encontrará un resumen de aquel editorial.

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